Una historia de liderazgo

Hace ya unos cuantos años, en la década de los ochenta, la industria del acero en Estados unidos estuvo a punto de colapsar de lleno. Un dato es bastante esclarecedor; pasó de 400.000 empleados a 200.000.

Me gustaría de forma muy breve, contar la historia de de Ken Iverson. Iverson fue el director ejecutivo de NUCOR, a la sazón, la tercera empresa en tamaño del sector del acero en Estados Unidos.

Como consecuencia de la crisis, en NUCOR tuvieron que recortar la producción a la mitad. Sin embargo, Iverson no redujo el personal a la mitad. Iverson insistió para que la parte de administración y estructura redujese de forma significativa sus salarios. Los directores de departamento aceptaron reducciones en sus salarios de hasta un 40%. En cuanto a la alta dirección, Iverson insistió en que la reducción fuera del 60%. En una época en la que los directores ejecutivos de las compañías que aparecían en la revista Fortune 500 se embolsaban millones de dólares en salarios y beneficios, Iverson redujo sus propios ingresos de 450.000 dólares a 110.000, lo que equivale a una reducción salarial de más del 75%

Cuando eso no fue suficiente, Iverson redujo la semana de trabajo de cinco a cuatro días, y luego a tres días a la semana. Eso se tradujo en que, en promedio sus trabajadores tuvieron que soportar una reducción en sus salarios del 25%. “Uno sabía que eso dolía-dijo Iverson-. No obstante, cuando recorría las fábricas y las plantas, jamás escuché una queja de ninguno de los empleados. Ni una” No es tan sorprendente si se tiene en cuenta que esos trabajadores comprendían cabalmente que también los líderes estaban aceptando reducciones importantes.

Según Iverson “era lo único correcto que podíamos hacer. Nada está tallado en piedra. Si algún día tenemos que despedir personal para salvar a Nucor, lo haremos, pero no sin antes intentar todas las otras salidas. A eso lo denominamos “compartir el dolor”. Para todos, pero especialmente para los líderes hay un deber que se antepone al interés personal, y ciertamente se antepone a mi propio interés”

Hay dos cuestiones en esta historia que merece la pena destacar y sobre las que espero poder escribir más adelante.

1.       Compartir el dolor. Cuánto significado tiene esa expresión. Solo cuando se sabe dónde está el dolor es cuando somos capaces de comprender lo que eso significa y las consecuencias que tiene. Un líder debe  saber compartir el dolor.

2.       Anteponer el “sentido del deber” al interés personal. No podemos decir que todo da igual. Hay criterios y hay valores.

Me encantaría poder contar historias similares de aquí, de España. Si alguien conoce alguna, por favor que me la cuente porque la relataré en este humilde blog con todo mi cariño. Mientras tanto, si esta historia nos enseña algo no lo dejemos caer en saco roto.

Admiramos el comportamiento de Iverson porque es un claro ejemplo de autoliderazgo.

Publicado en: General
0 comments on “Una historia de liderazgo
    1 Pings/Trackbacks para "Una historia de liderazgo"
    1. [...] tomado la decisión de despedir? ¿Nos habríamos marchado? ¿Nos habríamos bajado el sueldo como Ken Iverson? Nos gusta hacer mucha literatura y crítica sobre el sistema pero creo que en el fondo a todos nos [...]

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